Una vida normal siempre tiene sus tropiezos. Si uno se tropieza, lo que se debe de hacer es levantarse y seguir adelante.
Hace cuatro años aproximadamente, mi vida cambió drásticamente. Nos mudamos a un lugar totalmente distinto al que ya estaba acostumbrado a vivir. Muchos de mis amigos quedaron ya en el pasado. Muchos momentos de felicidad habían quedado atrás.
Durante la estadía en mi primer hogar, no tenía preocupaciones; me divertía inmensamente con mi familia y disfrutaba cada momento al máximo.
En ésta, mi segunda casa, el temor a equivocarme me asecha a cada instante. Antes, cuanto disfrutaba con mis amigos, se ha convertido ahora en preocupaciones y apariencias por parte de ambos rangos; el trato con mi familia no es el mismo, pasó a ser más serio y dejando a un lado muchas cosas que antes representaban felicidad.
“Grin, acomodas el cuarto en este preciso instante, o no te dejo ir a jugar con tus primos”, recuerdo que me decía mi madre hace cinco años.
– Grin, acomoda tu habitación. –me ordenaban sin derecho a ver a mis primos que hace tiempo no los había visto.
Mi existir ya no tenía sentido alguno. Sabía que vivir día a día consciente de los horrores y errores del mundo era parte de la vida de todo ser humano. Aún así es complicado aceptar tal destino.
Abrí la puerta de mi habitación para comenzar con su acondicionamiento. Lo primero que hice fue encender la radio que ya se encontraba sintonizada en una de mis emisoras favoritas: “17-16-17”.
A continuación, con bolsa de basura en mano, me puse a recoger papel por papel del suelo; ya se estaba formando una gran alfombra.
Cuatro horas más tarde, iba bajando las gradas de mi casa para dejar las tres bolsas de basura (recolectadas sólo en mi cuarto) en su lugar.
Por fin iba a tener un momento de reposo. Para esta vez, elegí visitar nuevamente mi habitación. Entré en ella y me recosté en el viejo sillón del juego de sala de mi domicilio anterior.
Tranquilamente, cerré mis ojos y me dispuse a hacer lo de siempre. Normalmente, cuando deseo dormir, comienzo a pensar en todo lo que había hecho durante el día: las personas con quien traté, lo que dije, y otras cosas… hasta que Morfeo me ganaba y me quedaba dormido.
Dormitando pasivamente permanecía sobre mi lecho…
Hace cuatro años aproximadamente, mi vida cambió drásticamente. Nos mudamos a un lugar totalmente distinto al que ya estaba acostumbrado a vivir. Muchos de mis amigos quedaron ya en el pasado. Muchos momentos de felicidad habían quedado atrás.
Durante la estadía en mi primer hogar, no tenía preocupaciones; me divertía inmensamente con mi familia y disfrutaba cada momento al máximo.
En ésta, mi segunda casa, el temor a equivocarme me asecha a cada instante. Antes, cuanto disfrutaba con mis amigos, se ha convertido ahora en preocupaciones y apariencias por parte de ambos rangos; el trato con mi familia no es el mismo, pasó a ser más serio y dejando a un lado muchas cosas que antes representaban felicidad.
“Grin, acomodas el cuarto en este preciso instante, o no te dejo ir a jugar con tus primos”, recuerdo que me decía mi madre hace cinco años.
– Grin, acomoda tu habitación. –me ordenaban sin derecho a ver a mis primos que hace tiempo no los había visto.
Mi existir ya no tenía sentido alguno. Sabía que vivir día a día consciente de los horrores y errores del mundo era parte de la vida de todo ser humano. Aún así es complicado aceptar tal destino.
Abrí la puerta de mi habitación para comenzar con su acondicionamiento. Lo primero que hice fue encender la radio que ya se encontraba sintonizada en una de mis emisoras favoritas: “17-16-17”.
A continuación, con bolsa de basura en mano, me puse a recoger papel por papel del suelo; ya se estaba formando una gran alfombra.
Cuatro horas más tarde, iba bajando las gradas de mi casa para dejar las tres bolsas de basura (recolectadas sólo en mi cuarto) en su lugar.
Por fin iba a tener un momento de reposo. Para esta vez, elegí visitar nuevamente mi habitación. Entré en ella y me recosté en el viejo sillón del juego de sala de mi domicilio anterior.
Tranquilamente, cerré mis ojos y me dispuse a hacer lo de siempre. Normalmente, cuando deseo dormir, comienzo a pensar en todo lo que había hecho durante el día: las personas con quien traté, lo que dije, y otras cosas… hasta que Morfeo me ganaba y me quedaba dormido.
Dormitando pasivamente permanecía sobre mi lecho…
6 comentarios:
Déjeme decirle que espero el resto!!! Donde está??? tic tac tic tac... aún no lo veo!
sta bueno coupet aunque yo ya habia leido antes esa parte pero la verdad me parece q ud tiene una gran imaginacion y q tmbien sta medio loco jajaja no no es broma tuanis coupet.
grin ya lei eso yo tambn..! y q cuando m lo presta pa` leerlo todo
att ariel
Ay pero quien diría que se nos hizo escritor!! Pero si yo me acuerdo todo lo romántico que le escribías a N.O.E.O, aunque fueron solo para tí, por nunca se las diste!!
Me gustó! Frases cortas, precisas, muy buena estructura de los párrafos.
La narrativa atrae ya desde el título que me atrajo como imán al hierro.
Al ir leyendo era como ver en mi mente una película.
Sobre la historia, lo más interesante es que precisamente presenta dos planos, el de la niñez y la adolescencia y la reflexión de un niño que ahora es un joven, su análisis de ese cambio me recuerda lo difícil pero al mismo tiempo increíble de esa edad, cómo puedo leerlo completo?
Contáctame al mail y arreglamos algo para enviártelo!
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